miércoles, 9 de enero de 2013

Fomentado la lectura...

Poquito a poco empiezo a darle forma a este blog con mis ideas sobre novelas. Y como las historias románticas son lo que más me gusta en este mundo, me uno a la iniciativa que ronda por la red sobre el fomento de la lectura... 
Esta entrada surge a raíz de la nominación por parte del blog Qué leería Jane Austen de una buena amiga que, por cierto, escribe genial y es una todoterreno de la lectura. 
Así que aquí va la campaña (maravillosa) sobre el fomento de la lectura... Dejemos volar nuestra imaginación y entremos en nuevos mundos en los que todo es posible. 

En primer lugar ,me gustaría hablar de los libros que recomiendo. Sobre todo para los niños pequeños que son los que en estos días, con el auge de los juegos tecnológicos, menos leen. Son los de la colección El Barco de Vapor: estupendas historias para edades comprendidas entre los cuatro y los catorce años, que te hacen soñar y disfrutar de la lectura. Aun hoy, con treinta y un años a mis espaldas, me siguen fascinando estas historias y tengo una amplia colección que espero algún día lean mis hijos y mis nietos.


Y aquí va la segunda parte de la campaña: la nominación de diez blogs que me resultan interesantes:

1. LocuraDeLectura
2. PasiónPorLaNovelaRomántica
3. LeoCuentos
4. NuestrasNovelas
5. LasCookiesDeElo
6. NovelasRojas
7. NovelaRománticaCríticas
8. NovelasHistóricas
9. MisFrasesParaElRecuerdo
10. SweetPoisonNovelasVampíricas


Pues bueno, ya sabéis, poneos manos a la obra. Para participar solo hay que copiar la imagen de campaña, decir vuestros 10 blogs favoritos y avisar que se siga con esta estupenda iniciativa.

lunes, 7 de enero de 2013

Segunda oportunidades...


(I)
Cuando despertó sintió un dolor agudo en la parte frontal de la cabeza. Abrió los ojos pero solo vio  oscuridad. Todavía estaba desorientado y mareado. Se retiró el pelo de la cara y pulsó el interruptor de la luz. Tuvo que cerrar los ojos momentáneamente y reprimir un grito de dolor. Los abrió despacio para descubrir que todavía estaba vestido, abrigo incluido, que no llevaba las botas puestas y que estaba arropado. ¿Arropado? Sabía muy bien como eran sus despertares después de una noche de desenfreno, y desde luego no era metido en la cama tapado. ¡Y sin la botas! Se atrevió a levantarse  despacio, calibrando cuánto tiempo necesitaría para volver a poner sus ideas en orden. La cabeza le iba a estallar, tenía una sed horrorosa y una ansiedad que empezaba a preocuparle. Algún día tenía que terminar con toda aquella espiral de vicio que solo le estaba llevando por el mal camino. 
Caminó despacio, arrastrando los pies descalzos por la habitación y abrió la puerta. Allí estaba su salón, en el mismo sitio de siempre, con los mismos muebles... pero limpio. 

(II)

- ¿Te he dicho yo que vinieras? - preguntó Jack con gesto de disgusto.
Su cuñada, Margaret, se ruborizó casi al instante. Todavía tenía en la mano un estropajo y jabón.
- Pues.. no - respondió ella azorada.
- Entonces lárgate. No quiero una criada aquí.
Margaret apretó sin darse cuenta el estropajo. Ella solo lo hacía por ayudar, por estar allí, por poder verle al menos una vez al mes, aunque él estuviera dormido y ella fregando. Hasta ese punto había llegado su desesperación por verle. Sabía que tenía que dejar de pensar en él pero, simplemente, no podía.
-. A mí no me importa venir aquí y...
Jack se movió, nervioso. Estaba harto de verla allí. No solo porque no entendía por qué una mujer joven gastaba sus mañanas de sábado en venir a limpiar una casa, sino porque le ponía nervioso. Quizá era porque se parecía a su hermana, aunque la verdad, no era mucha la semejanza. Cerró un instante los ojos y la imagen de su mujer apareció en su mente. Era impresionante, con el pelo rubio largo, siempre pulcramente peinado. Bien maquillada, bien vestida, solía llevar tacones y vestidos ajustados que lo volvían loco. Cuidaba su dieta, iba al gimnasio y se había realizado algunos retoques que hacía que pareciera más joven, sin arrugas y, por qué no decirlo, con unos pechos bien firmes. Entonces abrió los ojos. Ahí estaba Margaret, con su pelo castaño excesivamente lacio, cayendo desordenado sobre sus hombros. Llevaba gafas. Vestía un chándal que había conocido mejores tiempos, una zapatillas de deporte y un delantal que estaba empapado. Tenía los ojos verdes y la tez demasiado blanca. A él le gustaban las mujeres con ojos oscuros y piel morena. Como su mujer. Desde luego que no se parecían en nada.
- ¿Has terminado de repasarme? - dijo Margaret repentinamente molesta.
Él se rio, con aquella risa condescendiente y prepotente que tanto disgustaba a todo el mundo. Pero que era marca de la casa.
- ¿Y qué crees que voy a mirar?
Margaret se puso roja de nuevo y sintió que los ojos se tornaban vidriosos. Jack se dio cuenta, pero no le importó. Le dolía demasiado la cabeza y estaba demasiado enfadado con el mundo para parar.
- ¿Por qué no te vas ya? Imagino que habrás terminado de limpiar. Y te agradecería que no volvieras más.
Margaret se apresuró a dejar el material de limpieza encima de la mesa del comedor y se desató con manos temblorosas el delantal. ¿Qué esperaba? ¿qué le agradeciera lo que estaba haciendo? Desde luego que no. Jack no era una persona agradecida. Sí prepotente, orgulloso, un hombre al que no le importaba pasar por encima de alguien solo para conseguir lo que quería. Pero ella veía algo más. Algo que había visto la única noche que habían mantenido confidencias. Algo que seguramente ni siquiera él recordaba. Lo había visto vulnerable, falto de cariño, destrozado. Y esa imagen no podía sacarla del pensamiento.
- ¿Sabes? Tú no eres así - le dijo ella con la voz temblorosa - tú no eres así.
Jack decidió que era la gota que colmaba el vaso.
- ¿Sabes qué? He tenido mucha paciencia contigo porque desde hace mucho tiempo tu hermana me dijo que tú solo te sentías bien ayudando a los demás. ¿Pero sabes que creo? Que estás tan sumamente sola que haces esto por mendigar algo de compasión. ¿Crees que así alguna vez vas a conseguir que alguien te quiera? ¿Que se fije en ti? Si al menos te parecieras un poco a tu hermana...
Jack se sorprendió cuando, al pronunciar aquellas palabras, el rostro de ella tornó de color, al más pálido de los blancos. Vio que habría la boca para decir algo pero no llegó a decirlo. Tiró el delantal al suelo y salió corriendo del salón. Supo que se había ido cuando escuchó el ruido de la puerta al salir.
Se pasó una mano por el pelo, algo nervioso, pero se dijo a sí mismo que era lo mejor. No quería que nadie viera cómo vivía. No quería que luego le fuera contando a su hermana lo que había visto de él. Margaret había estado en sus peores momentos. En ese momento se dio cuenta. Realmente, Margaret había estado en sus peores momentos desde que le había conocido. Incluso estando casado con su hermana, cuando sufría alguno de aquellos ataques de ansiedad o depresión, era ella quien acudía a acompañarle. Bien cierto que era su mujer la que la llamaba. Pero ella se desentendía, lograba desaparecer y dejaba a Margaret a cargo de todo.
Cerró los ojos solo para recordar como lo había recogido una noche de la calle y lo había llevado a su casa después de una pelea que había tenido. Margaret estaba allí y en cambio Patricia, su mujer, la que tenía que velar por él, le había dicho que no podía atenderle porque al día siguiente tenía que levantarse temprano. ¿Por qué Margaret hacía todo eso por él?


lunes, 31 de diciembre de 2012

Traición


- ¡Vete de aquí! 
Margaret parpadeó sorprendida al ver el estado en el que se encontraba su cuñado Jack. El despacho estaba prácticamente destrozado, varias copas estaba rotas encima de la alfombra persa y varias botellas de lo que parecía vino  dulce yacían frente a la chimenea apagada. Y hacía un frío terrible.
- Voy a encender la chimenea - dijo ella armándose de valor - enfermarás.
- ¡Lárgate! - gritó él de nuevo, desesperado, arrastrando el butacón tras la gran mesa de caoba que utilizaba como escritorio. Caminó hacia ella con paso inseguro, retirándose el cabello de la cara, dejando ver unas facciones duras y unos ojos marcados por el dolor, vidriosos a causa del alcohol.
Margaret no pudo hacer menos que admirarlo. Era mucho más alto que ella, de aspecto fuerte pero con los ademanes de un caballero. Parecía contenerse a cada paso que daba y la intensidad de su mirada le impedía apartar la vista de sus ojos. ¿Le tenía miedo? No. Aunque realmente nunca le había visto así.
Él la sujetó fuertemente por los brazos y casi la levantó en el suelo. Margaret sintió su corazón palpitar acelerado y cerró los ojos sin poder evitarlo. No sabía qué iba a suceder, pero quizá era mejor no verlo.
Él habló de nuevo. 
- ¿Entiendes que no puedes entrar aquí? - le dijo con voz ronca - procura no acercarte a mí. No me tientes. 
Margaret abrió los ojos sorprendida y abrió la boca para hablar, pero las palabras no salieron. 
- ¡Tienes que irte! Regresa a casa de John o vete con tu familia. Pero aquí no puedes seguir.
Margaret sintió que todo el peso de la responsabilidad regresaba de nuevo a ella. ¿Cómo era posible que hubiera olvidado que aquella no era su casa? Unas lágrimas furtivas corriendo por sus mejillas y Jack maldijo por lo bajo. 
- No llores - le susurró - no soporto que llores. 
- Lo siento...
Él la miró de nuevo y sintió que perdía los últimos resquicios de control. Había huído de ella durantes días, semanas... ¡que parecían años! No era capaz de estar en la misma habitación que ella sin sentir cómo su sola presencia le quemaba por dentro. Ni siquiera el alcohol podía sustituir aquella atracción que, sin duda, era fatal. 
- Tienes que irte ¿lo entiendes? No puedes estar aquí. La gente comenta...
- Me da igual la gente.
- Los criados murmuran. 
- No me importa - replicó ella.
- Tienes que irte - alzó la voz un poco más y la soltó pero sin alejarse de ella. 
Entonces no pudo evitar alzar la mano y acariciar su suave mejilla. Apenas se le notaban ya los golpes que le había propinado su propio hermano. Su tez blanca y de aspecto joven relucía con el fuego de la chimenea. Sus labios se veían carnosos y sus ojos, de una tonalidad verde que pocas veces había visto, brillaba con el refulgir de las llamas. Bajó un poco más la vista y no pudo evitar sentir un escalofrío cuando vio el inicio de aquellos pechos turgentes con aquel precioso vestido de corte ajustado. Parecía respirar con dificultad y sus pechos se alzaban deseosos de ser liberados.
- Margaret - dijo con la voz enronquecida por el deseo - vete ahora.
Ella le miró con vergüenza y algo de temor, pero sin moverse.
- ¿Y si no quiero? 
Él supo que ya no podía aguantar más. 
- Si no quieres,  Dios nos asista, porque pienso hacerte el amor aquí y ahora. 


miércoles, 12 de diciembre de 2012

Ostias en el corazón

Levantarse sería difícil... realmente no lo iba a conseguir. Buscó de nuevo tabaco en los bolsillos y encendió un cigarro. Aspiró el humo despacio, cerrando los ojos, tratando de disfrutar de un vicio que no le aportaba nada y que suplía a otro que realmente necesitaba. No era difícil volver a su vida anterior... no tenía más que marcar un número de móvil, que llamar a alguna puerta y la realidad desaparecería. No era fácil volver, pero tampoco era fácil resistirse... quizá si ella le hubiera dado otra oportunidad...
Se negó a pensar en ella. Uno no podía estar enamorado ¿enamorado, sí, realmente? de una mujer mentirosa, de una persona que había tenido la falta de escrúpulos para estar un año viviendo otra vida a sus espaldas... no había excusa... él no había sido el marido perfecto, desde luego, pero no había sido una mala persona. No la había cambiado por otra, aun cuando quizá podría haberlo hecho. No le había mentido cuando desaparecía y regresaba al día siguiente a casa desesperado. No lo había hecho. Y ella... había roto aquel vínculo que él creía indestructible... y ostias, lo había hecho a la perfección.


lunes, 6 de agosto de 2012


Sus miradas se cruzaron y el tiempo, una vez más, se paró. Recuerdos de años pasados resplandecieron en sus retinas. Sueños que quedaron sin cumplir, rencores pasados que, aunque diluidos por el tiempo, afloraron de nuevo a sus ojos.
Ella fue la primera en bajar la vista. Tuvo que tomar aire: la impresión del momento se notaba en su rostro, que había palidecido.
- ¿Qué haces aquí? - preguntó ella con voz temblorosa.
- He vuelto por ti. 

miércoles, 1 de agosto de 2012

Quizá si no le volvía a ver más, todo aquel dolor desaparecería. Había sido traicionado por su propio hermano. ¿Qué hay peor que eso? Caminó a paso lento bajo la lluvia, alejándose de la que había sido la casa de su infancia. Dejó consumir entre los dedos los últimos resquicios de su cigarrillo y se juró a sí mismo que no volvería a poner los pies en aquel lugar.

sábado, 28 de julio de 2012

Soledad

 Música que se impregna en mis sentidos. Ojos cerrados a un mundo cruel, aterrador, sentimiento de soledad arraigada. De tristeza profunda de un final estipulado. Notas que caen como rocío primaveral en una piel de terciopelo blanca... lágrimas que se funden con las gotas de lluvia. Soledad...